| Parafraseando
a Luis Adaro, todo el desarrollo asturiano se debe exclusivamente al carbón.
Sin él Asturias quizás hubiese seguido escondida entre sus montañas, apresada
por su orografía… Por eso, el carbón también ha formado una identidad
singular, un modo de ser. Así, para conocer el corazón de Asturias el
viajero no debe dejar pasar la ocasión de visitar el Museo de la Minería
y de la Industria, en El Entrego.
El
punto de partida de esta institución responde a una necesidad colectiva
de preservar la memoria social y material de la Asturias minera, en unos
tiempos señalados por el abandono de las explotaciones que dieron ocupación
a sus gentes y por el retroceso generalizado de una industria que ha protagonizado
en Asturias momentos sobresalientes de su historia.
El
Museo se visita al hilo de un discurso argumental que nos lleva a través
del tiempo. Las antiguas tecnologías que permitieron la construcción de
ingenios para la ventilación, para el drenaje, para el transporte y el
acarreo de minerales y las formas de realizar el laboreo, se han modernizado
y representado en el período histórico comprendido entre los siglos XVI
y XVII. Lo que se intenta transmitir al visitante es que en el transcurso
de los siglos no han mutado únicamente los presupuestos técnicos de las
máquinas, sino también las fuentes de energía aplicadas a su funcionamiento.
En
los orígenes de la explotación del carbón de piedra para atender las urgentes
demandas de la industria como fuente de energía, la fuerza del vapor va
desplazando los viejos convertidores energéticos a base de agua, viento
o fuerza manual o humana, aunque sin llegar a sustituirlos plenamente.
El
museo despliega aquí una serie de contenidos en una sección dedicada a
la Revolución Industrial y el carbón en la que el protagonismo lo toman
hitos tecnológicos como la máquina de Newcomen, la de Watt, distintos
modelos de instalaciones de vapor y unos talleres en funcionamiento de
las viejas minas, con un importante despliegue de máquinas y herramientas.
Los contenidos se encarnan en sugerentes reconstituciones que permiten
al visitante intuir los ambientes originales de donde proceden los artefactos,
algunos de elevado valor histórico.
El
museo conserva un fondo con gran variedad de elementos. Las máquinas de
extracción de la mina de La Camocha y de Minas de Lieres, la de la fábrica
de explosivos de La Manjoya.
Patrimonio
histórico-técnico que, en lo que a vapor se refiere, se complementa con
varias locomotoras de muy sentimentales vinculaciones a las cuencas mineras:
la Campurra, la Turón 3 y una joya en el Patrimonio Industrial nacional,
la Palau. A los primeros paseos entre viejas y revolucionarias técnicas
suceden otros espacios articulados a partir de ambientes que evocan las
instalaciones de las minas. El laboratorio de materiales, fundamental
en las explotaciones, ofrece exposiciones sobre los aparatos científicos
y permite incursionar en el patrimonio geológico asturiano a través de
sus colecciones de minerales y fósiles. Más recientemente esta área se
complementa con la denominada “Casa del Explosivo”, en la que la fabricación
de pólvora, y ácidos fulminatos, va conformando un interesante espacio
dedicado a la industria química asturiana de explosivos. En síntesis,
la exposición de máquinas nos explica el papel del carbón como combustible;
en el área de la química se desvela el carbón como materia prima de la
industria.
La
Brigada de Salvamento Minero expresa, a través de equipos históricos de
rescate, la experiencia más llamativa de la solidaridad permanente que
existe en el mundo de la minería.
El
drama social de la industrialización, las patologías sociales y sanitarias
y el “lamento“ por la Aldea Perdida, se estructuran en la Enfermería del
Museo. Memoria social resumida en un fondo documental y gráfico y el arsenal
terapéutico utilizado en los botiquines y hospitalillos, nos llevan por
las cuencas mineras y por el drama de las enfermedades profesionales y
los accidentes de trabajo.
La
lampistería es la antesala de la mina imagen. Bajo el rótulo “alumbrar
las tinieblas”, se encuentra la más importante colección de lámparas de
mina que se encuentra en Asturias, junto con una lampistería eléctrica.
La
“Mina imagen” forma un circuito independiente que culmina con intensidad
y emoción la historia que narra el museo y reproduce, en un laberíntico
recorrido por la oscuridad, un ámbito histórico pero también inmediato.
Las galerías y talleres subterráneos horadados por el trabajo del minero
y por la violencia de las rozadoras, cepillos y otras técnicas intrusivas
son, en definitiva, no historia pasada para siempre, sino crónica de actualidad
y la descripción más detallada que puede hacerse del trabajo que realizan
los mineros asturianos y de otras zonas de España.
El
museo depende de una Fundación creada por el Principado de Asturias y
Cajastur, en la que participan los Sindicatos Mineros, la Escuela de Minas
de la Universidad de Oviedo, la de Ingenieros Industriales Informáticos
y el Ayuntamiento de San martín del Rey Aurelio. |