| El
pobre nabo ha tenido peor suerte aún que la cebolla
en la fama, sobre todo desde que el extinto Camilo José
Cela lo incorporó a su Diccionario secreto, sonoro
compendio erotómano. Así que nadie se atreve
ahora a mencionarlo en singular. Ave María Purísima.
En plural, sin embargo, es más aceptable, porque se
descarga bastante de esa cosa, pero de inmediato aparecen
otros nubarrones en el horizonte: alimento para el ganado.
¡Válgame el cielo, cuánto error y cuánto
horror! ¡Afortunadas bestias, si así fuera!.
Cosas tales sólo pueden pensarlas o decirlas quienes
nunca han probado de ellos o algunos que, habiéndolo
hecho, no sabían lo que decían, como el petulante
Angel Muro en el siglo pasado (“son los más desdeñados,
porque son muy dulzarrones y no tienen aroma. Tienen pocos
amigos, y los que lo son de verdad son gallegos”).
Los nabos son – o al menos eran- hortaliza respetada
en bastantes países de Europa, en especial Escocia
y Francia; en este último sigue siendo guarnición
fina de alta cocina, como lo fue en España en algún
momento.
Pérez de Ayala menciona el pato con nabos, preparación
de la cocina burguesa, en La pata de la raposa. Y en el Principado,
nuestro recetario más antiguo conocido hasta la fecha.
La cocina tradicional de Asturias, de 1874, da la receta de
los “nabos al blanco”, torneados, rehogados en
mantequilla, mojados con caldo, cocidos a fuego lento y de
nuevo rehogados en salsa blanca.
Así que no sé por qué su decadencia.
Hasta que en nuestra posguerra algunos ciudadanos de las cuencas
mineras los rescataron del olvido bajo la forma de potaje.
En Sotrondio por los años setenta decidieron recuperarlo,
hacerlo plato estrella del lugar y rendirle homenaje cada
11 de noviembre,
fecha simbólica donde las haya. Un ilustre amigo mío
dijo la primera vez que los probó que los nabos tenían
la sutileza del espárrago.
Así que no me extraña. |
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| Ingredientes
Nabos,
Pimentón, Sal, Azafrán, Caldo de pollo, Ajo
picado.
Compango
Tocino,
Cabeza de cerdo, costilla fresca, adobu, chorizo y morcilla.
Elaboración
Pelamos
los nabos y los troceamos más bien grandes. En una
“pota” alta o en una tartera grande, ponemos agua
y cuando empieza a hervir, vamos lavando los nabos para quitarles
olor. Una vez hecho esto, tenemos preparada otra “pota”
y otra tartera también con agua hirviendo. Añadiremos
primeramente los nabos y luego el “compango” y
el resto de los ingredientes. Dejamos cocer a fuego lento
durante tres o cuatro horas; pasado este tiempo los dejamos
reposar y ya están listos para servir.
VIDEO
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